"La división entre cristianos es un escándalo", dijo el Papa

"Hace falta proseguir en el camino de la unidad" porque la alternativa son "guerras y destrucciones", afirmó el pontífice durante una homilía en la capilla del Consejo Mundial de las Iglesias (CMI).

La falta de unidad de los cristianos es "contraria a la voluntad de Cristo" pero es también "un escándalo para el mundo", exclamó el papa Francisco en Ginebra, Suiza, una de las primeras ciudades que adoptó la Reforma Protestante, durante una visita relámpago para celebrar los 70 años del centro ecuménico del Consejo Mundial de las Iglesias.

Francisco instó a la "unidad" de los cristianos frente a la división, los desacuerdos y las recriminaciones mutuas que hubo entre las diferentes iglesias durante siglos, y aclaró que ese camino debe tener como objetivo el servicio a los otros, la atención al hermano porque hoy están los que les falta hasta el pan".

"Hace falta proseguir en el camino de la unidad" porque la alternativa son "guerras y destrucciones", afirmó el pontífice durante una homilía en la capilla del Consejo Mundial de las Iglesias (CMI), entidad que cuenta con 348 iglesias que representan a 550 millones de cristianos ortodoxos, anglicanos, metodistas, baptistas, luteranos y reformados.

"Para nosotros, como cristianos, caminar juntos no es una estrategia para reforzar nuestras propias posturas, sino un acto de obediencia ante el Señor y de amor por nuestro mundo", señaló Francisco en una misa a la que asistieron 115 miembros del Comité Central del CMI y representantes de ocho regiones del mundo.

Estaban escuchándole Gennadios de Sassima, representante del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla; la obispo Mary Ann Swenson, de la Iglesia Metodista Unida de EEUU; Agnes Abuom, teóloga anglicana de Kenia, el presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, el cardenal Kurt Koch y el secretario general del CMI, el luterano Olav Fykse Tveit.

En su viaje de un solo día, Francisco se trasladó luego a Bossey, a unos 25 kilómetros de Ginebra, en el vecino cantón de Vaudal, para visitar el centro ecuménico de esta institución, a la que no pertenece la Iglesia católica, aunque sí colabora en varias comisiones de trabajo.

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BREVE SALUDO­

Allí almorzó con miembros del Comité Central del CMI y conversó durante unos minutos con una treintena de jóvenes religiosos de diversas confesiones cristianas que se forman en este centro. También saludó a una delegación de cristianos de Corea del Norte y del Sur, que fueron invitados por el CMI en "señal de la unidad posible" en la península coreana.

Durante su fugaz estada, Francisco no visitó a ninguna otra de las organizaciones internacionales con sede en Ginebra, y apenas mantuvo un breve saludo con el presidente de la Confederación Helvética, Alain Berset, con quien abordó los conflictos en Medio Oriente, la problemática de los refugiados y el destino de minorías religiosas.

La jornada terminó con una multitudinaria misa en el Palaexpo para 40 mil fieles reunidos, muchos de ellos llegados también de la vecina Francia, con un increíble entusiasmo y en un lugar colmado de familias completas.

Allí pronunció el principal discurso de su visita, en el que dijo que "es para inquietarse cuando algunos cristianos se muestran indiferentes ante los que sufren y cuyas voces no son escuchadas".

"Todavía más triste es la convicción de los que consideran sus propios beneficios como señales de predilección divina, antes que un llamado a servir responsablemente a la familia humana y a custodiar lo creado", dijo. Y advirtió que "sobre el amor por el prójimo, por cada prójimo, el Señor, Buen Samaritano de la Humanidad, nos interpelará".

"La credibilidad del Evangelio está puesta a prueba por el modo en el cual los cristianos responden al grito de los que, en cada rincón de la Tierra, son injustamente víctimas del trágico aumento de una exclusión que, generando pobreza, fomenta los conflictos", agregó.

Francisco es el tercer pontífice en visitar el CMI, después de Pablo VI en 1969 y Juan Pablo II en 1984.