Nuevos horizontes en la "ineptocracia"

Berensztein reivindica en su ensayo más reciente el centro político y repudia la forma de gobernar de Macri.

No se trata sólo de superar una crisis económica. Aquí hay que revertir setenta años -o más- de decadencia y mejorar la calidad de nuestra alicaída democracia. En estos cuatro años, Mauricio Macri no lo ha conseguido porque su forma de gobernar es todo lo contrario de lo que dramática situación exige: la clase política debe forjar consensos estratégicos. Pero en estas elecciones puede surgir una nueva matriz, gane quien gane. Así sea.

Este es, básicamente, el núcleo conceptual del apurado ensayo (debía salir antes de las PASO) que Sergio Berensztein acaba de publicar: ¿Somos todos peronistas? Del idealismo al pragmatismo (Editorial El Ateneo, 159 páginas).

Su propósito -además de descriptivo- es alentar nuevos horizontes en los que estén dadas las condiciones para que se logren acuerdos relevantes, las tan mentadas políticas de Estado que mejoren las instituciones y destraben las fuerzas productivas.

El politólogo es especialmente crítico con el jefe de Estado, considera que su liderazgo está poco menos que pulverizado, al calor de una inflación galopante y el aumento de la pobreza. "La devaluación del peso en este período de gestión es del 350%", escribió en la página 40, demostrando que las matemáticas no son lo suyo (subió 350 el valor del dólar, en todo casa)."Macri es un presidente devaluado", insiste.

Condena el libro sin paliativos el modo de gobernar de Cambiemos, a la sazón "su rasgo más notable". La postura de polarizar, la decisión de relegar a la UCR en la toma de decisiones por pertenecer a otra cultura (Macri prefiere los criterios tecnocráticos, no políticos), su empecinamiento en concentrar el poder en un círculo férreo al que nadie puede ingresar. El autor comparte, incluso, una opinión muy difundida: mantener a Peña como jefe de Gabinete es una locura.

Desde un punto de vista más teórico, Berensztein advierte que constituye un grave error colegir que el ejercicio del poder en forma unilateral o no compartido genera más poder. "En realidad, genera todo lo contrario: debilitamiento o fracaso", establece en la página noventa y cinco. Ahí están las últimas dos gestiones presidenciales para darle la razón al analista.

El hiperpresidencialismo no serviría, pues, para revertir una decadencia estructural. El problema argentino de base, por ende, sería más político que económico; la democracia tal como está es disfuncional al desarrollo y hay que rehacerla.

LA TERCERA VIA

¿Y qué tenemos en frente de Macri? Tenemos "un gobierno débil con una oposición fragmentada y sin ideas", dispara el doctor Berensztein. Da la impresión que sus simpatías están con el peronismo no kirchnerista, a quien le agradece su "contribución inconmensurable" para fortalecer la moderación, el consenso y la cultura del diálogo.

Es un encomio del centro político. Sin el surgimiento de Alternativa Federal probablemente Cristina no hubiera elegido a Alberto Fernández, ni Macri a Miguel Angel Pichetto. Ahora bien, "la testarudez de Roberto Lavagna" fue obturando la influencia de una tercera vía en la contienda electoral.

Al doctor Berensztein no le preocupan los horribles cachorros de La Cámpora ni las ideas autoritarias de una Cristina que en su segundo mandato no dudaba en sacrificar las alianzas históricas de la Argentina para hacer buenas migas con chavistas, iraníes y castristas. El propio aparato del PJ y los gobernadores (los grandes ganadores de este proceso) se encargarían de encarrilarla en una eventual tercera presidencia kirchnerista; mientras que el contexto internacional -con Trump y Bolsonaro- no resulta propicio para aventuras neomontoneras. Puede que este argumento sea el más flojo del libro. Ignora la Historia universal y la dinámica de las fuerzas radicalizadas. Todas las cosas quieren permanecer en su ser, enseñaba Baruch Spinoza.

¿Sueña el establishment que Alberto F. sea otro Tsipras? erensztein tiene en claro, en todo caso, que a la Argentina lo que le falta "son líderes mainstream, porque sobran los que buscan cambiar las cosas y terminan básicamente sin cambiar nada".

SIN BOLSONAROS

No quiso dejar pasar la oportunidad el académico para destacar un aspecto positivo del presente: "La democracia argentina funciona mal, pero no está en peligro. Y además, logra procesar situaciones muy complejas manteniendo el orden y la continuidad institucional". El sistema es disfuncional pero resiliente. No es poco.

Además, en su seno no parece haber espacio para que prosperen los discursos extremos a lo Hugo Chávez; mientras que las barreras de entrada para los outsider, a lo Bolsonaro, son altísimas (pregúntenle a Espert, si no). "El sistema termina moldeando a los actores y no a los actores al sistema", destaca en la página ciento diecisiete. Esto explicaría porque casi todos los gobernantes, fatalmente, han girado hacia el neopopulismo peronista desde 1983.

El domingo se vota en la Argentina. Es probable que las emociones expliquen buena parte del comportamiento electoral, conjetura el doctor Berensztein. El nuestro es un país complicado, describe. Tiene problemas históricos de gobernabilidad; la política es casi siempre parte del problema y casi nunca de la solución; y el pueblo se siente más cómodo en la diferencia que en el consenso.

Vivimos en lo que el erudito llama acertadamente una ineptocracia. La falta de acuerdos, la escasez de consensos nos ha condenado en la alborada del siglo XXI al estancamiento. ¿Hay salida? La puesta en valor del centro político en este proceso eleccionario es un dato auspicioso, concluye un ensayo tan instructivo como necesario. Si Dios quiere, marcharemos hacia la posgrieta.