Diabetes tipo 1: la enfermedad crónica más frecuente en la infancia

Una especialista destaca la importancia de reconocer los síntomas característicos a tiempo para acceder al tratamiento oportuno de esta patología potencialmente mortal.

Aunque puede darse en cualquier momento de la vida, la diabetes tipo 1 se presenta con mayor frecuencia en niños, adolescentes y adultos jóvenes. En la actualidad, se estima que afecta a 500.000 menores de 15 años en el mundo y su incidencia crece a un ritmo del 3% por año.

En concreto, esta variante de la diabetes se caracteriza por el déficit absoluto de secreción de insulina, que es una hormona secretada por el páncreas que permite el correcto metabolismo de los macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) productores de energía y de su reserva a nivel celular. Además, la insulina actúa como un factor de crecimiento, estimulando la síntesis de tejidos. Por eso, el déficit de esta hormona no sólo genera alteraciones metabólicas, sino que impacta en el crecimiento y desarrollo de los niños que padecen la enfermedad.

La diabetes tipo 1 es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia. Sin embargo, no siempre resulta sencillo arribar al diagnóstico adecuado.

Tomás comenzó con la patología a los cinco años. Su mama, Maricel Schneider, recordó: "Se descompuso y por eso lo llevé a un centro de atención. Lo tuve que levar tres veces consecutivas hasta que logré que le realizaran un análisis de sangre y ahí se dieron cuenta del cuadro de cetoacidosis". "En ese momento me decían que no tenía nada, que solo era una descompostura", añadió.

Por su parte, Maria Pilar González, mamá de Clarita, contó: "En el caso de mi hija fue un síntoma concreto: vómitos a la madrugada". "Como Clarita solo tomaba el pecho, su pediatra me dijo que si seguía con los vómitos la llevara a una guardia porque podía ser una infección urinaria", recordó la mujer cuya hija fue diagnosticada con diabetes a los cinco meses de edad. "Cuando llegamos a la guardia comenzaron a hacerle los análisis de rutina que mostraron altísimos valores de glucosa.

Ahí mismo decidieron colocarle un suero e internarla porque tenía un cuadro de cetoacidosis", agregó.

"En muchos casos, un niño que padece diabetes tipo 1 no posee antecedentes genéticos directos, como su padre o madre, de esta patología. En algunos casos, se encuentran antecedentes familiares de enfermedades autoinmunes como vitíligo, celiaquía o hipotiroidismo. En general, los padres desconocen esta predisposición hasta que la enfermedad se inicia", detalló la doctora Liliana Trifone, pediatra y jefa de la sección Diabetes del Hospital de Niños "Dr. Ricardo Gutiérrez".

Se debe considerar que hay mayores posibilidades de que el niño pueda desarrollar diabetes tipo 1 en el transcurso su vida cuando, por ejemplo, la madre sufrió diabetes gestacional en el embarazo, fue tratada con insulina, o cuando se produjo un nacimiento prematuro o con déficit de crecimiento.

SINTOMAS Y RIESGOS

Cuando hay déficit de insulina, la glucosa aumenta sus niveles en sangre, el organismo es incapaz de utilizarla como fuente energética y comienza la combustión (lipólisis) de las grasas para obtener energía. Esto genera un exceso de ácidos orgánicos con producción de cuerpos cetónicos y su persistencia, junto a la hiperglucemia, puede desencadenar una cetoacidosis diabética, situación que, de no ser tratada oportunamente, pone en riesgo la vida. "Si la cetoacidosis progresa a estadios graves y no recibe tratamiento, el paciente fallece", alertó la diabetóloga.

"Hay algunos síntomas que el pediatra o los padres pueden advertir", mencionó Trifone. "La sensación de sed por parte del niño es un síntoma característico. En un bebé éste demanda más biberones o pecho, o muestra un hambre voraz si es de más edad", precisó.

Otros de los síntomas más frecuentes son la dermatitis en la zona del pañal, la enuresis o micción frecuente (poliuria) y la pérdida de peso brusca o repentina. Son los llamados síntomas cardinales de la enfermedad.

"Los padres deben estar atentos si el niño que controla esfínteres de repente deja de hacerlo, especialmente por la noche. En un bebé, esto puede ser evidente si se deben cambiar con mayor frecuencia los pañales", explicó la especialista.

"Asimismo, la pérdida repentina de peso debe ser una señal para el pediatra. Un niño o bebé que pierde más del 10% de su peso corporal es una alarma y puede hacer suponer al pediatra el inicio de una enfermedad, entre ellas la diabetes", prosiguió Trifone.

"Una vez que nos dieron el diagnóstico y hablé con la diabetóloga comencé a atar cabos", contó la mamá de Clarita. "Tenía un síntoma que era que orinaba mucho, el pañal estaba muy cargado los días previos. Además, el día anterior estaba caída, como floja, pero nadie se imaginó que eran síntomas de un debut diabético", añadió.

COMO CONTROLARLA

Un paciente con diagnóstico de diabetes tipo 1 debe tener un estilo de vida saludable que incluye la actividad física y una sana alimentación, en base a las recomendaciones pediátricas para los niños sin diabetes, según sexo y edad, puntualizó la médica.

"Hay algunas restricciones en la ingesta de azúcares simples e hidratos de carbono complejos", prosiguió.

Respecto de las opciones terapéuticas, Trifone mencionó: "Los únicos dos tratamientos aprobados en el mundo para personas con diabetes tipo 1 son las múltiples dosis de insulina (basal/bolo) o bien el microinfusor continuo de insulina".

El primer tratamiento implica la inyección de insulina varias veces al día. En la mañana se aplica una dosis que es de progresión lenta y que cubre los periodos entre comidas. A lo que se agrega, cada vez que la persona ingiere alimentos, una nueva dosis de insulina de acción rápida según los valores de glucemia y los carbohidratos de su comida.

En el caso del microinfusor de insulina con monitoreo continuo de glucosa integrado, éste realiza una función similar a la del páncreas. Mantiene una secreción constante de insulina y el sensor va monitoreando los valores de glucosa cada cinco minutos y los muestra en la pantalla de la bomba.

Esto permite que se suspenda la administración de insulina si detecta que los valores de glucosa están descendiendo rápidamente.

El microinfusor administra insulina a través de un set de infusión que se adhiere al cuerpo y que administra la hormona de manera subcutánea. De esta manera, el paciente evita colocarse inyecciones, además de contar con un monitoreo constante de los valores de insulina.

Tomás, a sus siete años, es uno de los niños que poseen en el país un microinfusor continuo de insulina. "Es un chico muy activo. Va nueve horas al colegio, practica fútbol, taekwondo, y hace un año comenzamos con el microinfusor porque no lograban estabilizar sus niveles de insulina", relató su mamá.

Clarita también utiliza el microinfusor continuo de insulina desde los seis meses de vida. "Como tenía menos de un año, los niveles de insulina debían ser mínimos y era muy difícil dosificarla con las inyecciones. El microinfusor nos dio más tranquilidad, especialmente a la noche ya que con el sensor podemos saber si tiene hiper o hipoglucemia y así actuar a tiempo", señaló María Pilar.

VENTAJAS

El microinfusor continuo de insulina posee la eficiencia, seguridad y eficacia de administrar insulina de manera constante, de forma similar a lo que realiza el páncreas normal. Contiene un medidor que emite una alarma si los valores de glucosa se encuentran por debajo de lo aceptable, generando una hipoglucemia.

"La adherencia al tratamiento con este dispositivo es muy buena. El paciente disminuye las inyecciones generadas por las múltiples dosis, comienza a tener un mayor control y a mejorar la función metabólica. Minimiza la hipoglucemia y la hiperglucemia gracias al sistema de predicción y monitoreo de los sistemas actuales", subrayó Trifone.

En cuanto a cuáles son los criterios para elegir un tratamiento u otro, la experta apuntó: "La elección depende de las características del paciente, edad, riesgo de hipoglucemias, adherencia y comprensión del tratamiento, grado de control metabólico, mejora de la calidad de vida del paciente, fobia a las inyecciones de insulina y, en muchos casos, el acceso a la cobertura por parte de los seguros de salud. En algunos países pueden iniciar el tratamiento con microinfusor continuo de insulina desde el debut de la enfermedad".

Según la experta, el microinfusor tiene un lapso de garantía estimado de alrededor de cinco años, según el modelo, "que asegura el estándar de calidad". Luego debe ser reemplazado por un dispositivo nuevo.

Consultada sobre el tipo de cobertura de este tratamiento por parte de obras sociales y prepagas nacionales, Trifone expresó que "en líneas generales está cubierto", pero aclaró que en algunas obras sociales tienen coberturas parciales de los dispositivos. "En otros países los pacientes tienen cobertura de los sistemas de salud gubernamentales", finalizó.