Cada año nacen 8.000 bebés prematuros en el país

De acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), 8.078 bebés, el 1,1 % del total de recién nacidos, nacen antes de término con un peso menor a 1.500 gramos. La mayoría de estos niños requerirá de largos períodos de recuperación y plazos de seguimiento extensos que incluyen cuidados especializados, controles y atención de todas sus necesidades, entre ellas las nutricionales, algo que resulta clave durante los primeros años de vida para garantizar un adecuado neurodesarrollo.

"Los niños prematuros son aquellos que nacen antes de las 37 semanas de gestación y que, por esto, no pudieron completar su desarrollo en el útero materno, lo que los convierte en niños vulnerables en comparación con otros que nacen a término. Particularmente, aquellos que nacen con 32 o menos semanas de gestación o con un peso inferior a los 1.500 gramos, son considerados 'prematuros de alto riesgo' y generalmente presentan inmadurez no solo en sus pulmones sino en todos los órganos, representando un verdadero desafío para el sistema por la salud y para el futuro de ese niño", sostuvo la doctora Cristina Osio, neonatóloga pediatra, jefa de Neonatología del Sanatorio Otamendi.

"Entre los principales síntomas que pueden presentar estos niños se encuentran anemia, infecciones, bajo nivel de azúcar en sangre, dificultades respiratorias y gastrointestinales, además de algún tipo de hemorragias internas. Los mayores riesgos están dados por secuelas como alteraciones neurosensoriales, autismo, trastornos de déficit de atención (con o sin hiperactividad) y, en la edad adulta, una mayor predisposición a presentar obesidad y diabetes", completó la doctora Carmen Vecchiarelli, neonatóloga pediátrica, subjefa del Servicio de Neonatología del mismo centro asistencial.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año nacen unos 15 millones de niños prematuros en el mundo y en 2015 las complicaciones relacionadas con la prematuridad, que son la principal causa de fallecimientos en los menores de 5 años, causaron aproximadamente un millón de muertes a nivel global. Según la OMS, tres cuartas partes de esos decesos podrían prevenirse con intervenciones costo-efectivas tales como aportar al recién nacido calor suficiente, proporcionar apoyo a la lactancia materna y brindar atención básica para combatir infecciones y problemas respiratorios.

Hoy se sabe que los primeros 1.000 días, que van desde la gestación hasta los dos años de vida, son vitales para que el bebé alcance su máximo potencial de desarrollo y salud en el futuro. En el caso de los prematuros, deben implementarse medidas específicas para asegurar que en esa etapa reciban todos los cuidados necesarios y, en este sentido, es fundamental atender las necesidades nutricionales de estos niños que suelen presentar diversos grados de desnutrición al momento del alta, al igual que una óptima estimulación motriz y cognitiva.

"Sin lugar a dudas, la leche materna es la mejor alimentación para un bebé prematuro, ya que le confiere protección inmunológica, además de favorecer el vínculo emocional con su madre. Su composición incluye, entre muchas otras, sustancias biológicamente activas como enzimas y hormonas que promueven la maduración del sistema digestivo y factores de crecimiento tisular, y sustancias antiinflamatorias e inmunomoduladoras que sientan las bases para el desarrollo del sistema inmune y lo protegen de infecciones agudas severas", afirmó Osio.

No obstante, insistió, "en situaciones puntuales donde la lactancia esté médicamente contraindicada o no exista provisión de leche de un Banco de Leche Humana, pueden utilizarse fórmulas infantiles especialmente diseñadas para los niños prematuros en sus distintas etapas de crecimiento que constituyen una alternativa superadora a la leche de vaca, que está absolutamente contraindicada. La cobertura de estas leches infantiles está garantizada al 100% por ley".

"Entre quienes más se benefician de la administración de fórmulas pretérmino luego del alta hospitalaria están aquellos niños que nacieron con menos de 1.000 gramos y los que precisan de cuidados médicos complejos a causa de sus condiciones crónicas", agregó Vecchiarelli.

Para prevenir el riesgo de tener un bebé prematuro, es indispensable que la madre realice los controles antes y durante el embarazo. De esa forma, se podrá saber si existen factores de riesgo o si la mamá es portadora de alguna enfermedad infecciosa (HIV/sida, hepatitis o sífilis, entre otras) y de esa forma indicar tratamientos y profilaxis. Por otra parte, el riesgo de tener un hijo prematuro es mayor si la mamá es adolescente, tuvo muchos partos seguidos, está anémica o desnutrida, fuma, consume drogas o alcohol, realiza mucha actividad física o su trabajo le implica mucho esfuerzo corporal. También en las madres de edad avanzada, en especial aquellas que acceden a la maternidad tardía mediante técnicas de fertilización asistida y en los casos de embarazos múltiples.

Los controles de la madre, además, posibilitarán la detección de condiciones tales como la hipertensión arterial y permitirán saber si es un embarazo múltiple o si existe algún problema de desarrollo del feto que derive en un nacimiento prematuro. Cuando existen posibilidades de prematurez, será necesario que la madre reciba medicación antes de dar a luz para ayudar al bebé a adaptarse mejor a la vida fuera del útero, en caso de que nazca antes de término.

"Pero, si pese a los controles maternos el niño nace antes de término, es importantísimo que la familia se involucre y forme parte del equipo de salud que atiende a ese bebé, ya que son quienes podrán brindarle el cuidado más amoroso, la contención, la estimulación y el control en todas sus etapas. Tiene que quedar en claro el concepto de equipo: médicos y enfermeras tienen que tomar las decisiones en forma conjunta con la familia e informarles cada paso con claridad. Recordemos que los controles pediátricos en un niño prematuro tendrán que ser mensuales hasta el año, en tanto que los controles con el equipo de seguimiento de alto riesgo a las 4 semanas, 3 meses, 6 meses, 12 meses, 18 meses y 2 años, y semestral entre los 2 y los 7 años", concluyó Osio.