Niños en cuarentena: entre los avances y los retrocesos

Estudios disponibles sobre la población infanto juvenil mostraron que, a partir del aislamiento, pueden atravesar una serie de problemas principalmente anímicos y de ansiedad. A qué señales estar atentos y cómo acompañar.

Incertidumbre, miedos, malhumor, angustia… las consecuencias de casi 100 días de aislamiento no sólo se evidencian en los adultos, sino que muchos niños y adolescentes también están experimentando los efectos colaterales de la inédita cuarentena.

Diferentes estudios internacionales se han encargado de investigar el modo en que la pandemia y el aislamiento obligatorio afecta la salud mental de las personas. En ese sentido, Francisco Musich, jefe del departamento de Psicología Infanto Juvenil de Ineco, explicó en diálogo con La Prensa, que en niños y adolescentes se han visto tres grandes grupos de posibles problemas: trastornos del ánimo, mayores síntomas de ansiedad y cambios en la conducta.

En un estudio realizado a 2.355 padres de habitantes de Beijing, la Asociación de Psiquiatría China reportó que el 67% de los padres refirieron dificultades en el control de la conducta en etapa de pandemia. Adicionalmente, un estudio realizado en la provincia de Shaanxi durante la epidemia de COVID-19 por el grupo de trabajo colaborativo de China-EPAUNEPSA, mostró que los niños con edades de entre 3 y 6 años eran más propensos que los niños mayores a manifestar síntomas como el apego extremo a los progenitores y el temor de que los miembros de la familia pudieran contraer la infección.

“Se observó que aumentan los problemas del estado del ánimo y esto se traduce en que los chicos empiezan a estar más irritables, nerviosos, algunos pueden empezar a estar tristes, más decaídos, los papas pueden notar que empiezan a ser menos las actividades que disfrutan, o se aburren y están más inquietos. Se alteran los patrones de sueño y de alimentación”, describió Musich, para luego añadir: “Algunos, sobre todo los que tienen cierta vulnerabilidad, pueden hacer cuadros de depresión, y eso amerita un tratamiento clínico especializado”.

Asimismo, apuntó que otros chicos empiezan con miedos, “ya sea como síntomas inespecíficos o trastornos establecidos de ansiedad, empiezan a estar más temerosos, se preocupan más, están todo el tiempo anticipando que puede ocurrir algo malo y están preocupados por eso”.

Respecto de los problemas de conducta, advirtió que el aislamiento puede contribuir a que, en aquellos niños que ya los tenían, se empeoren. Y en los que no los tenían se empiecen a manifestar: “Están más berrinchosos y, generalmente, las investigaciones muestran que en esos casos se vincula a un peor estado de ánimo”, puntualizó el especialista.

“Los padres de niños y adolescentes muy probablemente puedan evidenciar retrocesos o dificultades en áreas donde previamente no había problemas, como hacerse pis, que baje su rendimiento académico, que tengan más berrinches, que les cueste estar solos, que se pasen a la cama de los padres”, enumeró Musich.

No obstante, aclaró que no todos los niños y adolescentes van a reaccionar de forma negativa a la cuarentena ya que muchos de ellos lograran sobrellevarla de forma adecuada. “En dicha situación se abre la posibilidad para que las familias pasen más tiempo con sus hijos, permitiendo compartir más experiencias, aprendiendo cosas nuevas y mejorando el vínculo a nivel familiar”, evaluó.



RENDIMIENTO ESCOLAR

En cuanto al impacto que estos efectos de la cuarentena pueden tener sobre el rendimiento académico, Musich explicó que “cuando el ánimo decae, no solo me siento más triste sino que eso genera cambios a nivel del funcionamiento cerebral”. “Empiezo a prestar menos atención y de menor calidad, empiezo a estar más desorganizado, me cuesta más retener las cosas, me cuesta permanecer sentado prestando atención y generalmente eso se traduce en una merma del rendimiento académico”, precisó.

En ese sentido, mencionó que uno de los grandes problemas de tratar niños y adolescentes es el diagnóstico diferencial porque en la mayoría de los casos consultan porque se están portando mal y porque les está yendo mal en el colegio. “Sucede que, en general, el ánimo deprimido se manifiesta de esa forma. A diferencia del adulto, que tiende a estar triste, en niños y adolescentes se ve mayor irritabilidad y falta de atención, desorganización, peor rendimiento en el colegio, peleas con la familia, con los compañeros o con los amigos”, agregó.

Por lo tanto, el desempeño académico puede verse afectado. Y en este aspecto también tendrá gran influencia la modalidad de aprendizaje a la que se enfrente en el contexto de la pandemia. Mientras algunos establecimientos educativos han dispuesto rutinas diarias de clases virtuales y tareas, otros envían tareas cada 15 días. “En ese último caso, es más probable que el chico muestre retrocesos porque está perdiendo la costumbre de estudiar”, subrayó Musich.



EL ROL DE LA FAMILIA

Al referirse al rol que puede adoptar la familia para prevenir las consecuencias negativas del aislamiento sobre los niños y adolescentes, el especialista de Ineco recomendó estar “atentos a las señales de alerta”.

“Si noto cambios abruptos respecto de cómo eran antes de que esto empezara, lo ideal es prestar más atención en qué es lo que está ocurriendo. Si advierto que mi hijo hace cada vez más comentarios negativos de él y lo veo que cada vez juega menos a la play o juega menos a lo que él le gustaba… esa es una señal de alerta de que algo está ocurriendo”, ilustró.

Como contrapartida, aconsejó a los padres que intenten fomentar que los niños se mantengan en actividad. “Hacer menos cosas tiende a tirar el ánimo para abajo. Por eso es importante que los padres traten de que se mantengan las rutinas, que si se están aburriendo de hacer siempre lo mismo piensen en hacer cosas nuevas, tratar de generar actividades placenteras y de disfrute. Idealmente, algo de actividad física, aunque no siempre es posible por las condiciones habitacionales de algunos grupos familiares”, detalló.

El especialista insistió en que la actividad física colabora mucho con la estabilidad del estado del ánimo. “Y, en los casos en que existan cuestiones de miedos, debemos como padres ayudar a nuestros hijos a enfrentar esas situaciones”, añadió.

El profesional hizo además hincapié en la trascendencia de la comunicación. “Es importante hablar con ellos, preguntarles cómo se sienten, qué les pasa, tratar de ver qué información tienen sobre la cuestión sanitaria. Muchos chicos tienen información muy errada. No hay que escaparles a esas conversaciones, ya que pueden ayudar a monitorear qué le está pasando a mi hijo y tenemos que procurar que tengan información cierta, porque probablemente eso haga que reaccionen mejor”, sostuvo.