Misión del voto celeste

El movimiento provida afronta un duro escenario de cara a las elecciones. Lo instan a votar en un contexto que se antoja montado en su contra. A pesar de eso, en su cruzada surgen cinco palabras que no admiten excusas ni transacciones:­ "Con aborto no te voto".

Justo a un año de su inesperada victoria, el movimiento celeste afronta otra prueba difícil. Ahora lo instan a votar en un árido esquema electoral que, salvo por alguna excepción, parece haber sido montado en su contra.

En 2018 la clase política, los grandes medios de comunicación, las figuritas del espectáculo "ningunearon" a los celestes, actuaron como si no existieran, los despreciaron y vilipendiaron. Y se llevaron una enorme sorpresa. Cientos de miles, tal vez millones de personas salieron a las calles de todo el país para oponerse a la legalización del aborto en un histórico ejercicio de presión popular que no pudo ser ignorado por los senadores que aquel 8 de agosto frenaron una ley inicua y absurda.

Este año el "ninguneo" no sólo continúa sino que se agravó. Los grandes partidos políticos armaron sus listas buscando, en el mejor de los casos, un imposible equilibrio entre "verdes" y "celestes". Pero en la realidad, la cancha está inclinada a favor del abortismo. Lo demuestran las ideas de los integrantes de todas las fórmulas, sean del oficialismo o la oposición, macristas, kirchneristas, liberales, progresistas o izquierdistas extremos. La excepción más notable es la candidatura del mayor retirado Juan José Gómez Centurión, cuyas posibilidades electorales, vaya sorpresa, han sido sistemáticamente rebajadas o excluidas de los más importantes sondeos o análisis políticos.

Como si eso fuera poco, al votante celeste lo están sometiendo a una burda forma de extorsión. Esos planteos, que parten de las usinas políticas de un oficialismo que se sabe desangrado por derecha, pretenden menospreciar la relevancia del tema del aborto. Alegan que lo decisivo hoy es "salvar la República" e impedir la "vuelta al pasado", y creen desmesurada la preocupación por el crimen de los niños por nacer, en la que ven una suerte de "monomanía". A su juicio, lo realmente crucial en esta etapa es que no se dispare el dólar.

Pero el votante celeste sabe que esos argumentos no se sostienen. Nadie lo convencerá de que "cumplir con las metas fiscales" es más importante que preservar la vida del no nacido. También entiende que el aborto es apenas la punta del iceberg. Es consciente de que junto con el infanticidio vienen la ideología de género, la destrucción de la familia tradicional, la perversión de menores llamada "educación sexual integral", el feminismo totalitario, la eutanasia disfrazada de "muerte digna", la legalización de la droga en todas sus variantes, empezando por las "medicinales". Y después de eso la persecución, desde luego bajo la forma muy republicana de más leyes aprobadas por amplias mayorías, de todos los que se resistan a ese nuevo orden, en especial si son cristianos militantes y miembros de la Iglesia.

Al votante celeste lo engañaron más de una vez y no se hace ilusiones. De las élites dirigentes sólo ha recibido desprecio, humillación, afrentas y las amenazas de un castigo siniestro que cada tanto sueltan los voceros más desbocados del orden liberal-progresista. No puede creer ya en palabras oportunistas ni en promesas electorales que sabe que no se van a cumplir, sea por inoperancia o por ceguera ideológica.

Por eso su decisión en las próximas elecciones debería ser más fácil de lo que parece. Su plataforma ha sido resumida con nítida sencillez. La corearon los cientos de miles que marcharon el año pasado y los que volvieron a expresarse este año. Es un juramento, un llamado a la resistencia y un grito de batalla. Son cinco palabras que no admiten excusas ni transacciones y que dicen todo lo que hace falta decir, dentro o fuera del cuarto oscuro: "Con aborto no te voto".