La seguridad internacional en 2019 se muestra vulnerable

Venezuela es un ejemplo del desorden global. Diversos síntomas indicarían que el riesgo de un conflicto disruptivo no se puede, lamentablemente, descartar.

La seguridad internacional en 2019 se muestra vulnerable. El mayor riesgo es de cálculo ante una escalada armamentista y un marco multilateral desafiado por políticas transnacionales con síntomas de suma cero. De acuerdo al International Crisis Group, los instrumentos de acción colectiva, como el Consejo de Seguridad de la ONU, están paralizados. Los de responsabilidad colectiva, como la Corte Penal Internacional, son ignorados.

También destaca una serie de conflictos propensos a generar enfrentamientos de envergadura con consecuencias globales. Un ejemplo es el Mar de China Meridional donde las diferencias comerciales entre Estados Unidos y China adquieren dimensión militar. Una chispa puede ser suficiente para romper la precaria estabilidad. También la retórica acalorada entre Washington y Beiging en torno a una ejecutiva de la empresa tecnológica Huawei es una muestra del clima de deterioro, tensión e incluso de la perdida de paciencia diplomática entre ambas superpotencias.

Ucrania es otro punto sensible como lo es Azerbaiyán o el Báltico. El mar de Azov reavivo la tensión entre Rusia, Estados Unidos y Europa. Esa circunstancias, que podría afectar el frágil equilibrio en Europa del Este, es botón de muestra de una atmósfera áspera que se puede seguir enrareciendo. La denuncia de Estados Unidos del Tratado sobre misiles de alcance intermedio y la poca disposición de Moscú a la re negociación del instrumento, pone de evidencia una falta de vocación política tanto de Washington como de Moscú a disminuir las diferencias.

El Golfo Pérsico es otra área de síntomas preocupantes. Las sanciones estadounidenses a Irán empiezan a producir resultados concretos que inquietan a Teherán. La respuesta iraní es de mayor involucramiento militar en la región del Medio Oriente. Siria y en Yemen es un ejemplo pero no es el único. Los anuncios del envió de barcos de guerra en apoyo a Venezuela es quizás una manifestación de la actitud iraní de mayor provocación a Washington para eventualmente obligar a una negociación que reduzca la enorme presión económica que enfrenta.

El repliegue de Estados Unidos de Siria es también una puerta abierta a nuevas situaciones militares complejas. Las tensiones entre kurdos, turcos, sirios e iraquíes podrían desencadenar en un conflicto abierto. El aumento de la presencia militar de Rusia e Irán en Siria, agrega otro condimento de incertidumbre a la supervivencia del eje entre Ankara, Moscú y Teherán. También a la seguridad de Israel.

La Península de Corea es otro capítulo abierto. Si bien las tensiones disminuyeron tras la Cumbre Trump y Kim y un mayor acercamiento entre Seúl y Pyongyang, Corea del Norte no ha suspendido la producción de armas nucleares y el desarrollo de misiles balísticos. En este contexto, las perspectivas de desnuclearización podrían agriarse rápidamente.

Africa es de las pocas regiones donde los conflictos entre las principales potencias no parecen tener una amenaza de enfrentamiento indirecto. No se puede decir lo mismo, en cambio, de América Latina. El mapa regional tiene hoy condimentos diversos que plantean amenazas potenciales de seguridad. Venezuela es un ejemplo y donde diversos síntomas indicarían que el riesgo de un conflicto disruptivo no se puede, lamentablemente, descartar.

Es de esperar que en un 2019 tan inestable, la diplomacia logre imponerse como el recurso más adecuado para encontrar soluciones colectivas a un mundo que urgentemente necesita, como mínimo, de un marco de convivencia mejor.