Por qué la disputa con varios países europeos puede beneficiar la campaña para el referendo impulsado por el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan

"No hay duda de que Holanda pagará el precio por su actitud grosera. Llamó a las organizaciones internacionales en Europa y en otros lugares a imponer sanciones sobre Holanda".

Con estas palabras pronunciadas durante un mitin cerca de Estambul, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, dobló la apuesta en la disputa diplomática que tiene abierta con Holanda y otros países europeos.

Sus críticas respondían a la decisión del gobierno de Holanda, al que comparó con una república bananera, de cancelar un mitin electoral que tenía previsto realizar el sábado en Rotterdam el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, a cuyo avión incluso se le impidió aterrizar en el país.

También al hecho de que se hubiera bloqueado el ingreso al consulado de Turquía en Rotterdam a la ministra de Familia de ese país, Fatma Betul Sayan Kaya, quien fue escoltada por la policía hasta la frontera con Alemania.

Erdogan amenazó con represalias y calificó al gobierno de Holanda como "residuos de los nazis y fascistas", mientras que el encargado de negocios de ese país en Ankara fue convocado para exigirle explicaciones por lo ocurrido.

Por su parte, el gobierno de Holanda explicó que el acto proselitista de Cavusoglu fue prohibido por razones de seguridad y señaló que ese tipo de actividades podían avivar las tensiones en el país a pocos días de las próximas elecciones generales que se realizarán el miércoles.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, rechazó la comparación con los nazis y señaló que aunque no desean que el conflicto escale, tendrían que evaluar su respuesta si Turquía sigue avanzando por esa ruta.

"Este país fue bombardeado durante la II Guerra Mundial por los nazis. Es completamente inaceptable hablar de esa manera", dijo Rutte.

Campaña en Europa

El mitin en el que iba a participar Cavusoglu buscaba ganar apoyos para un referendo convocado por Erdogan para el próximo 16 de abril, con miras a ampliar sus poderes presidenciales y modificar algunas normas del juego político.

Los cambios propuestos le permitirían, por ejemplo, postularse para otros dos periodos en la presidencia y permanecer así en el poder hasta el 2029. También podría nombrar a importantes jueces, preparar el presupuesto, nombrar algunos ministros y jueces.

Hay unos 5,5 millones de turcos viviendo en el extranjero -la mayor parte de ellos en Europa occidental, de los cuales hay 1,4 millones que tienen derecho al voto y que residen en Alemania.

En ese país también fueron cancelados algunos actos proselitistas de miembros del equipo de Erdogan, lo que también valió para que el mandatario comparara al gobierno de Ángela Merkel con los nazis.

La canciller alemana rechazó la comparación y este domingo su ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, dijo que a Berlín le costará mantener la ayuda económica a Ankara por esta disputa con países de la UE y por el arresto de un periodista turco-germano en Turquía.

"En estas circunstancias es extremadamente difícil seguir trabajando en eso. No queremos escalar el conflicto, todo el mundo en Alemania está de acuerdo en ello, solo queremos que Turquía regrese a la razón", aseguró Schaeuble a la televisora pública ZDF.

En Austria, donde se estima que viven unos 300.000 turcos, el ministro de Exteriores Sebastian Kurz afirmó que los mítines de Erdogan no eran bienvenidos en ese país pues podrían incrementar la fricción en la sociedad y dañar los esfuerzos por la integración de los inmigrantes.

"Claramente rechazamos el traer la campaña y la polarización turca a Austria", apuntó.

Mientras que en Dinamarca, el primer ministro, Lars Lokke Rasmussen, decidió postergar una visita al país del primer ministro de Turquía, Binali Yildirim, argumentando que le preocupa que "los principios democráticos están bajo mucha presión" en Turquía.

Sin embargo, estos obstáculos para hacer campaña por Europa también pueden terminar beneficiando a Erdogan.

Movilizando al nacionalismo

"Recep Tayyip Erdogan es un operador político astuto. Mientras que su enfrentamiento con importantes aliados europeos y sus comparaciones explosivas con los nazis pueden parecer algo caótico, es muy probable que todo esté planeado por un hombre que sabe que prospera cuando no aparece como favorito", dijo Mark Lowen, corresponsal de la BBC en Turquía.

Destacó que el envío de ministros turcos a realizar actos proselitistas en algunos países europeos en un momento en el que las relaciones están en horas bajas y coincidiendo con un momento en el que países como Alemania y Holanda se acercan a sus elecciones generales era algo que no iba a caer bien.

En el caso concreto del gobierno del primer ministro Mark Rutte, que enfrenta un gran desafío electoral por el auge del líder del Partido para la Libertad, Geert Wilders, quien tiene un discurso de rechazo abierto al islam, a la inmigración procedente de países musulmanes, al Corán, a las mezquitas, pero también a la Unión Europea y al euro.

Así las cosas, la autorización de los mítines de los ministros turcos en Holanda habría podido servir para reforzar el discurso y los argumentos de Wilders a pocos días de las elecciones.

Lowen cree que Holanda y Alemania picaron en el cebo. "Esto ha permitido a Erdogan presentar lo ocurrido como una conspiración contra Turquía y vestirse como el héroe nacionalista que rechaza al opresor europeo".

"Eso movilizará a sus base de apoyo y a los nacionalistas de extrema derecha a los que intenta cortejar antes del referendo presidencial del próximo mes, pero horrorizará al otro lado de Turquía, los liberales proeuropeos que ven que su país se aleja más de Occidente y que su presidente se dedica a calumniar de una forma sin precedentes a sus aliados de la OTAN", agregó.

De esta forma, Erdogan avanza sus intereses en cualquier escenario: si le permiten realizar los mítines corteja el voto de los expatriados; si no se autorizan los mítines moviliza el voto de los nacionalistas (y también el de parte de los expatriados).

A cambio arriesga un cierto deterioro de las relaciones con algunos países europeos, que miran con recelo a Ankara tras haber visto en la respuesta de Erdogan al golpe fallido de julio pasado señales de un incipiente autoritarismo.

Sin embargo, Erdogan sabe que estos países necesitan de Turquía para que siga siendo la barrera que impida la llegada de miles de inmigrantes sirios a la Unión Europea y así evitar sufrir una nueva crisis de refugiados como la de 2015.