Cuánto influyen los alimentos sobre el humor

Descifrar el modo en que la alimentación puede impactar sobre el estado de ánimo y predisponer a padecer ciertas patologías tales como la depresión y la ansiedad ha sido objeto de diversos estudios científicos. Estos son algunos de los más recientes.

Vincular ciertos alimentos con una mayor o menor predisposición a sufrir depresión, por el momento, no es posible. No obstante, diversos estudios han encontrado algunas pistas que vale la pena tener en cuenta.

"La evidencia científica relativa al riesgo de depresión asociado con los hábitos alimentarios poco saludables es limitada", afirmó la doctora Patricia Chocano-Bedoya, epidemióloga del la Universidad de Zúrich, en una entrevista publicada en Harvard Women"s Health Watch.

Sin embargo, la investigadora comentó que un estudio difundido en 2014 en la revista Brain, Behavior, and Immunity halló una asociación entre la depresión y una dieta con elevado consumo de gaseosas azucaradas, harinas refinadas y carne roja.

También se refirió a un metaanálisis publicado en 2018 en European Journal of Nutrition, que sugería que una ingesta elevada de carne puede asociarse con el riesgo de desarrollar depresión.

"Pero, en este punto, hay tantos factores diferentes asociados con la depresión que no es posible identificar exactamente en qué medida un alimento específico o un patrón alimentario influyen sobre este riesgo", matizó.

"Factores modificables del estilo de vida, tales como las elecciones dietarias, el tabaquismo y la actividad física pueden potencialmente influir sobre el riesgo de depresión pero no actúan de manera independiente", insistió Chocano-Bedoya.

La depresión, como muchas otras condiciones crónicas, es el resultado de una compleja interacción entre la genética y el ambiente. "Si bien podemos estudiar qué factores de riesgo modificables pueden asociarse con la depresión, no podemos estimar que porcentaje de la depresión se asocia con un factor específico, dado que están interrelacionados", subrayó.

SABORES DEL MEDITERRANEO

Hecha esta aclaración, la epidemióloga afirmó que de todas formas existen buenas razones para presentarle atención a la dieta con el objetivo de proteger la salud mental.

"Existe evidencia consistente de que un patrón de alimentación al estilo de la dieta mediterránea conlleva un menor riesgo de depresión", apuntó la investigadora de la Universidad de Zúrich.

En concreto, la dieta mediterránea se caracteriza por ser rica en frutas, verduras, aceite de oliva, granos integrales y proteínas magras tales como el pollo y el pescado, y con baja presencia de carne roja y grasas no saludables.

Lo destacable de la dieta mediterránea es que, aunque en un futuro la ciencia determine que no tiene efecto sobre el riesgo de depresión, aún hay numerosas otras razones para adoptar este tipo de plan alimentario.

"La dieta mediterránea se ha asociado, por ejemplo, con menores niveles de presión arterial, mejor funcionamiento cognitivo, y menor incidencia de diabetes y eventos cardiovasculares", enfatizó Chocano-Bedoya, quien aseguró que ella recomendaría esta clase de patrón dietario saludable y de alta calidad nutricional "no solo por su potencial reducción del riesgo de depresión sino también por predisponer a un menor riesgo de padecer otras patologías crónicas que por sí mismas pueden luego aumentar el riesgo de depresión".

HAMBRE Y HUMOR

Otro equipo de investigadores de la Universidad de Guelph, que buscó identificar de qué modo la alimentación puede impactar sobre nuestro estado de ánimo, encontró que el hambre es capaz de alterar el humor.

El trabajo, publicado en septiembre último en la revista Psychopharmacology, reveló que el descenso abrupto del nivel de glucosa que se experimenta cuando las personas tienen hambre puede impactar sobre el estado de ánimo.

"Hallamos evidencia de que un cambio en el nivel de glucosa puede tener un efecto duradero sobre el humor", resumió el profesor Francesco Leri, del departamento de Psicología de la universidad canadiense.

"Cuando las personas me decían que se ponían gruñonas si no comían, yo era escéptico. Pero ahora lo creo. La hipoglucemia es un potente estreso fisiológico y psicológico", prosiguió.

"Al pensar en los estados de ánimo negativos y el estrés se suele pensar en los factores psicológicos, no necesariamente los metabólicos", señaló el estudiante de Medicina Thomas Horman, quien lideró el estudio. "Pero encontramos que una mala alimentación puede tener un impacto", agregó.

Los investigadores hicieron análisis de sangre en ratones luego de que sufrieran una hipoglucemia (baja del nivel de glucosa) y hallaron más corticosterona, un indicador de estrés fisiológico. También observaron una conducta más aletargada en los animales.

"Algunos podrán argumentar que esto se debe a que necesitan glucosa para hacer que sus músculos trabajen. Pero cuando les dimos una medicación antidepresiva usada habitualmente, no observamos el comportamiento aletargado. Los animales se movieron con normalidad. Esto es interesante porque sus músculos todavía no estaban recibiendo la glucosa, pero su conducta cambió", describió Horman.

"Los resultados apoyan la idea de que los animales experimentaron estrés y un estado depresivo cuando estaban hipoglucémicos. Por eso este estudio tiene implicancias en el tratamiento de personas que sufren ansiedad o depresión", agregó.

En ese sentido, expresó que los factores que llevan a padecer depresión y ansiedad pueden variar de una persona a otra, "pero sabiendo que la alimentación es un factor, podemos incluir los hábitos alimentarios como posible tratamiento", sugirió.

Horman también consideró que los hallazgos también aportan datos sobre la conexión entre la depresión y enfermedades tales como la obesidad, la diabetes, la bulimia y la anorexia.

Habiendo descubierto que la hipoglucemia predispone a estados de ánimo negativos, los investigadores ahora planean determinar su la hipoglucemia crónica y a largo plazo es un factor de riesgo para desarrollar conductas depresivas.

"Mientras que saltearnos una comida puede hacernos sentir hambrientos y enojados, estos resultados sugieren que nuestro humor puede verse afectado si el saltearse comidas se convierte en un hábito", aseveró Horman.

En esa misma línea sostuvo que la alimentación deficiente y el mal humor pueden transformarse en un círculo vicioso, dado que si la persona no se está alimentando adecuadamente puede experimentar un bajón de su estado de ánimo y este bajón puede hacerla no querer comer.

UNA CUESTION DE EDAD

Los alimentos que comemos pueden impactar sobre nuestro humor pero, además, la edad parece ser determinante en cuanto a qué tipo de alimentos son los más apropiados para fomentar un buen estado de ánimo. Así lo sugiere una investigación de la Universidad Binghamton, que determinó que la dieta y las prácticas alimentarias afectan de distinta manera la salud mental en adultos jóvenes y en adultos mayores.

A partir de una encuesta realizada online, la profesora universitaria de Salud y Bienestar Lina Begdache encontró que el estado de ánimo en adultos jóvenes (de entre 18 y 29 años) parece depender de alimentos que aumentan la disponibilidad de los precursores y las concentraciones de neurotransmisores en el cerebro, como es el caso de la carne.

En tanto que el humor en adultos mayores (de más de 30 años) puede depender más de alimentos que aumentan la disponibilidad de antioxidantes (frutas) y la abstinencia de alimentos que activan inadecuadamente el sistema nervioso simpático (café, alto índice glucémico y saltearse el desayuno).

"Uno de los principales hallazgos de este estudio es que la dieta y las prácticas dietarias afectan de manera diferente la salud mental en adultos jóvenes versus adultos maduros", subrayó Begdache. "Otro dato valioso es que el estado de ánimo de los adultos jóvenes parece ser sensible a la acumulación de sustancias químicas del cerebro. El consumo regular de carne lleva a la acumulación de dos sustancias (serotonina y dopamina) que se sabe que promueven el buen humor.

El ejercicio físico regular también conduce a la acumulación de estos y otros neurotransmisores. En otras palabras, los adultos jóvenes que comían carne (roja o blanca) menos de tres veces por semana y se ejercitaban menos de tres veces por semana mostraron un distrés mental significativo", resumió la autora del trabajo.

Como contrapartida, la investigadora manifestó que el estado de ánimo de los adultos maduros parece ser más sensible al consumo regular de fuentes de antioxidantes y la abstinencia de alimentos que activan inadecuadamente la respuesta innata de lucha o huida (conocida como respuesta de estrés agudo).

"Con el envejecimiento hay un aumento de la formación de radicales libres (oxidantes), por lo que incrementa nuestra necesidad de antioxidantes. Los radicales libres causan alteraciones en el cerebro, que suben el riesgo de distrés mental. También disminuye la capacidad de regular el estrés, por lo que si consumimos alimentos que activan la respuesta de estrés (tales como el café y muchos carbohidratos), seremos más propensos a experimentan distrés mental", finalizó.