Los tres ejes del discurso de Macri

El presidente Mauricio Macri sorprendió con un estilo confrontativo y desafiante y propuso una nueva etapa de cambio estructural.

Mauricio Macri no sólo inauguró este mediodía las sesiones ordinarias del Congreso, sino también la campaña electoral y un estilo político que no se le conocía. Dejó atrás la actitud "zen", componedora y "buenista" y respondió al hostigamiento peronista con la misma moneda: duras críticas a la mentira institucionaliza del Indec, a la corrupción y al encubrimiento corporativo. Recordó que tuvo que impulsar la extinción de dominio para rescatar los bienes de la corrupción mediante un decreto y desafió a los legisladores peronistas que la bloquean exigiéndoles que digan "de qué lado están y a quién quieren defender".

En una asamblea tumultuosa como no se recuerda otra desde el regreso de la democracia respondió a los gritos con más gritos y terminó imponiéndose por una simple razón: era el único que disponía de un sistema de audio. Los ataques de los diputados kirchneristas se oían fuera del recinto como un murmullo de fondo. Para la televisión jugaban a una especie de oficio mudo.

Por eso en un momento se cansaron de gritar. Su derrota fue admitida por el diputado Agustín Rossi, que suele exhibir comportamientos destemplados (por decirlo suavemente), pero que en esta ocasión se quejó de la "irascibilidad" del presidente al que consideró "casi agresivo".

Si bien la actitud de Macri debió resultar una desagradable sorpresa para muchos peronistas acostumbrados a hostigar con estilo barrabrava a sus adversarios, Cristina y Máximo Kirchner se evitaron un mal trago. Prudentemente no fueron al recinto

La asamblea fue el espejo perfecto del momento actual. Predomina una grieta insuperable y los peronistas "del medio" se quedaron sin ningún papel que jugar. Fueron superados por los gritos, los abucheos y los aplausos de uno y otro bando. En ese punto Miguel Angel Pichetto señaló con toda lógica que al mensaje presidencial "le faltó lo más importante: cuál es el plan económico para sacar al país de la crisis". Omitió, sin embargo, un detalle: antes que la economía hay que definir la política y Macri debe ganar primero las elecciones para estar en condiciones de aplicar cualquier programa anticrisis.

Y en este punto apareció el segundo eje de su discurso: la reformulación de la propuesta de cambio. Admitió errores y sostuvo que no se podían tomar más atajos. Llegó la hora de un cambio estructural, no de coyuntura que será difícil y exigirá paciencia, argumentó. Un planteo de una vaguedad manifiesta, perfecto por lo tanto para ser usado en la campaña.

También destacó algunos logros de su gestión como el combate a las mafias, a la corrupción en la obra pública y al narcotráfico. Dedicó por lo contrario muy poco espacio a la inflación y el desempleo. En eso casi pareció un discurso cristinista, aunque la ex presidenta directamente eliminaba la palabra inflación de sus discursos maratónicos.

Por último, el tercer eje fue el del liderazgo. "Estoy liderando el cambio a largo plazo". Esa será su trinchera. La tarea está a medio hacer y no es momento de cambiar esperanza por resignación, fue el mensaje a sus legisladores. O puesto en otros términos, "no hay vuelta atrás", que sirve tanto para los propios como para los que creen posible el retorno del pasado.