El desafío surcoreano tras la destitución de su presidenta acusada de corrupción

No se trata de realizar comparaciones que no sirven para el análisis fino, pero los muchos meses de protestas callejeras protagonizadas por los surcoreanos reclamando -y finalmente logrando- la destitución de la presidenta Park Geun-hye, se asemejan a nuestro "que se vayan todos" de 2001, y ahí radica el principal desafío que tendrá la potencia asiática.

En este caso, canalizar el inconformismo por la corrupción colocada en blanco sobre negro entre parte de la clase política y empresarios, en forma positiva en las próximas elecciones convocadas para el 9 de mayo.

Esa es la principal carta que tienen para jugar las nuevas generaciones que lograron la debacle de una mandataria corrupta con un linaje para nada halagador: es hija de Park Chung-hee, quien fuera dictador de Corea del Sur entre 1961 y 1979.

El diario The New York Times abordó el tema con una hipótesis similar que se maneja por estas horas: "El caos político de Corea del Sur podría significar el ascenso de un nuevo grupo de líderes menos dispuestos a tratar con suavidad a sus titanes empresariales. El público está cada vez más harto de los delitos corporativos".

Las profundas diferencias sociales que aún perduran en ese gigante económico -no solo entre ricos y pobres, sino también entre los principales partidos, conservador y liberal- fueron el motor que llevó a la ciudadanía a creer que con movilizaciones como las que hicieron pueden cambiar la historia.

Es tan relativo como discutible, pero al menos en lo discursivo se habla de cambios que nada tienen que ver con la historia violenta que precede a Corea del Sur desde la guerra de los años '50, que provocó la división -aún vigente- de la península, con Corea del Norte.

Precisamente, quien lidera las encuestas presidenciales, el legislador liberal Moon Jae-in, maneja un concepto diferente al de los conservadores respecto a Corea del Norte: es más proclive al diálogo y a tratar de hallar una solución consensuada que, por cierto, disgusta a Estados Unidos y a Japón.

Por las dudas, el Ejército surcoreano ordenó a sus soldados posicionarse en estado de alerta ante posibles "provocaciones" de Corea del Norte.

El presidente en funciones de Corea del Sur, Hwang Kyo-ahn, también pidió a la tropas disposición completa para hacer frente a posibles provocaciones del Norte ante la situación en el país.

"La opinión pública ha estado dividida por el juicio sobre la destitución y los conflictos sociales aumentaron", momento en el que Pyongyang "ha tratado de maximizar nuestra división interna y debilitar nuestra seguridad", dijo la semana pasada Hwang durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

Es que se vive un momento de especial tensión marcado también por el reciente asesinato del hermano del líder norcoreano en Kuala Lumpur. Pyongyang niega su participación y a su vez denuncia una confabulación en su contra orquestada por Malasia y Corea del Sur.

Y la otra pata del escándalo que generó la destitución de Park, que el martes próximo deberá declarar por primera vez ante la Justicia, fue la detención del heredero de uno de los imperios corporativos más grandes del planeta como es Samsung. Está acusado de corrupción y ese fue otro mensaje que el pueblo entendió.

Se trata de Jay Y. Lee, quien fue imputado por cohecho (coimas). La participación activa del líder del Samsung Group es un escándalo dentro del escándalo principal y su imagen esposado conmocionaron a todos los surcoreanos.

Claro está que Seúl no puede darse el lujo de desechar a su principal icono, su empresa de bandera y, por qué no decirlo, su orgullo nacional en materia de innovación tecnológica. No al costo de tener que seguir soportando ese coctel explosivo de gestión empresarial poco transparente con gobiernos cómplices, pero sí fijando nuevas reglas.

Y así lo hizo saber casi inmediatamente el candidato Moon: "No debemos perder la oportunidad de cortar lazos corruptos entre políticos y empresas. Samsung sólo se hará más fuerte si se arrepiente de su complicidad con la política y de sus actividades antimercantilistas, como pedir favores políticos", afirmó.

Un detalle no menor en el análisis: Samsung abarca la quinta parte de las exportaciones surcoreanas, y sus distintas empresas tuvieron ventas combinadas de alrededor de 262.000 millones de dólares.